sábado, 16 de enero de 2016

Capitulo 1 : Marcus


Capitulo 1 :  Marcus
“En ausencia de luz , la oscuridad prevalece oscuridad prevalece”
S
e levantó. Afuera brillaba el Sol del amanecer como cada día .Si, el Sol brillaba, pero a pesar de ello, era un amanecer frio. Casi tan frio como él.
El sabor de la sangre humana de aquel tipo flacucho… aún  lo sentía, esa embriagante sensación. Esa sangre que ahora fluía por sus venas, manteniéndole fuerte, pero... insatisfecho.
Recordaba el miedo en los ojos que sus ojos hacían reflejar en los de él. Recordaba como gritaba, suplicando piedad. Y, sobre todo, como lo había matado, secado saciando su sed de sangre
¿Qué le pasaba? En otros tiempos, mucho tiempo atrás que cualquier humano pudiera imaginar, se habría reído, habría disfrutado matando.
En otros tiempos, ahora era un vampiro, uno de los Antiguos y uno de los más poderosos.
Tomo un libro que  había dejado en su cómoda. Trato de distraerse, trato de no pensar en nada que no fuera ir a la Secundaria  a dar clases, pero no pudo.
En ese mismo instante lo invadió una furia inmensa, una furia inmensa contra sí mismo y arrojo el libro contra la pared.
Se oyó un golpe seco y el enorme volumen cayó al piso.
 Marcus gruño, algo arrepentido. Ese era uno  de sus libros favoritos.  Lo había comprado hace un mes y   lo termino de leer en  tres días
Iba a tener que pasar por una librería, después del trabajo, a comprar otro similar
Camino  hasta el libro y lo levanto con una sola mano. Bien. No se había hecho tanto daño como  él había creído, solo unas tres o cuatro páginas del lomo
Acharola portada hecha en piel, que,  hoy en día, no se podía conseguir tan fácil.
Olio un poco el libro, un olor casi tan delicioso y casi tan adictivo como la sangre.
Lo dejo con cuidado  en la mesa de luz y fue a darse una ducha.
Camino hasta las dos puertas que separaban su alcoba del cuarto de baño
Era enorme, como el resto de su lujosa casa.
  Cada habitación, cada marco de las múltiples pinturas que adornaban los pasillos, el granito de la cocina, los muebles caros y finos, las delicadas copas de vidrio,  todo  resumiéndose en una sola palabra: perfecto.
Era su casa, sí.  Pero no su hogar. En realidad después de cientos de años, decenas de amantes, numerosas personas,  mortales o no, que decían ser sus “amigos”, nunca tuvo un hogar, ni amigos.  Menos una familia “de verdad” como él solía llamar a las personas, las vivas, no malditos no muertos.
 Los que eran de verdad felices, a pesar de que se quejaran de las injusticias de la vida o de su mala suerte o de otras tonterías, que, de seguro, se resolverían con tiempo
¿Es que esos infelices no entendían   que, en verdad, la verdura tortura no era la vida, sino  la  no muerte?
Por lo menos, ellos tenían sueños, esperanzas, alegrías.
Resumiendo, tenían algo por lo que le daría toda su maldita inmortalidad, vida.
El baño estaba equipado con todo lo desachiro, como el resto de su morada, pero, tarde o temprano, tendía que  dejarlo todo atrás.
Claro, seguiría trabajando como profesor, pero, en otra ciudad, o mejor aún   otro estado
Una de las malditas desventajas de ser un  vampiro era que la gente notaba, maravillada, que no envejecías y eso, por supuesto, llamaba la atención.
Así que, al menor   sigo de esto, cambiabas de  nombre, apellido  y de trabajo
 Marcus, cuanto menos, había usado   treinta nombres y apellidos falsos desde que se  mudó a estados unidos.
Se lavó los dientes. Sus afiliados colmillos aún se notaban.
Eso le daba un aspecto aterrador, a pesar de su atractivo rostro.
 Miro el lavado doble y, por milésima maldita vez, se preguntó a si mismo porque mierda había comprado una casa con dos baños y cuatro  dormitorios, si siempre estaba malditamente solo
No tuvo que  volver a su habitación para darse cuenta de  que le quedaba poco tiempo, aunque, después de todo, los vampiros saben más que nadie  por mucho o poco que vale  en tiempo.
Se ducho rápido y  se miró en el espejo. Un “amigo” vampiro se lo había regalado  para  estrenar su casa, pero ese gesto le pareció, desde el momento, sospechoso.
Un vampiro sangre pura nunca  regalaba algo a un convertido, a pesar de que solo fuera un simple espejo, sin esperar algo a cambio, a pesar de que ese convertido fuera un antiguo y uno de los más poderosos, además de sus poderes mágicos.
 Y Marcus sabía que ese día llegaría.
Su rostro seguía igual que de costumbre, igual
Lo que hace siglos, ojos  grises, plateados y fríos, cabello castaño oscuro.
Su sonrisa torcida ( que  él  , particularmente odiaba , pues , con  la ayuda de sus colmillos  , le daban un aspecto  más aterrador)  no se había visto  , también , en siglos.
 Y, probamente, pensó con amargura, no se vería nunca más.
Eso, por supuesto, se lo debía a su padre. Había hecho de toda su vida humana una tortura, lo había convertido en un acecino. Aunque  Marcus admitía que él también había tenido parte de la culpa.
Su vida humana,  también,  había sido marcada, por lo sus  innumerables asesinatos, todas de gente inocente.
Siempre había matado para divertirse, ahora, para sobrevivir.
Decidió no pensar más en ello y llegar rápido  a su trabajo.
Se puso su traje oscuro  y fue directo a su estudio.
 Mientras caminaba por los pasillo,  veía, sin poder evitarlo, grandes obras maestras de todos los tiempos. También había conocido a cada uno de esos pintores, vivos,   hasta en persona.
Su estudio de trabajo, donde planeaba clases, corregía, estaba  perfectamente ordenado (Marcus odiaba el desorden en todas sus formas).
Se sentó en el cómodo escritorio y saco   un montón de hojas, también  perfectamente ordenadas.
Trabajos prácticos con  nota, en su mayoría.
Acostumbraba, no solo el primer día de clases, sino todo el resto del año escolar, a darles a sus alumnos, con todo lo que tenía.
 Miro la hora y salió. Ese día tenía ganas de ir a caminar en vez de ir en auto.
























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